El castellano como moneda de cambio


Recientemente la ministra de educación, Isabel Celaá, anunciaba a bombo y platillo la enésima reforma educativa socialista que como las anteriores, incide de una manera lamentable en un igualitarismo absurdo.

La obsesión con la rebaja de nivel que caracteriza al partido en el gobierno presenta ahora como novedad la posibilidad de pasar de curso en determinados niveles de la enseñanza sin límite de suspensos. En definitiva, restarle cualquier tipo de valor a unas titulaciones que todos pueden ver, salvo ellos, perjudica sobre todo a las miles de familias que no pueden costear centros privados muy caros, como por ejemplo, al que la ministra llevó a sus hijas.

Sin embargo, ¿Se pueden hacer las cosas peor en algo tan importante como es la educación? Desde luego que se puede. Máxime si se quiere y se hace con toda la más malévola intención del mundo. Esta misma semana el gobierno con el apoyo de independentistas, comunistas y demás tribus urbanas politiqueras que acampan en el parlamento, aprobaba nada más y nada menos, la retirada del castellano como lengua vehicular en beneficio de las lenguas regionales.

Evidentemente, las diferentes lenguas regionales gozan de todo nuestro respeto y cariño como un patrimonio cultural riquísimo. Faltaría más. Siempre manifestaremos con total rotundidad que ni aceptamos el discurso separatista ni el separador. Todo lo que enriquece España la engrandece.

Esta misma semana el gobierno con el apoyo de independentistas, comunistas y demás tribus urbanas politiqueras que acampan en el parlamento, aprobaba nada más y nada menos, la retirada del castellano como lengua vehicular en beneficio de las lenguas regionales.

Pero no podemos olvidar el uso que el separatismo ha hecho de dichas lenguas para dividir y separar, con el único fin de ahondar en la diferencia, con el claro objetivo de crear en los jóvenes y niños de dichos territorios nuevos militantes independentistas, una masa de ciudadanos dependientes por completo del discurso y la manipulación separatista. Y las lenguas regionales han sido usadas como ariete.

Un uso torticero y político de unas lenguas, bueno es recordarlo, con el beneplácito de las autonomías y los diferentes gobiernos democráticos empeñados en mirar a otro lado a cambio de que les garantizasen la “gobernabilidad”. En otras palabras, de que les garantizasen el poder.En definitiva, dar la última de las puñaladas a la lengua de Cervantes, Calderón o Lorca, hablada en el mundo por más de 577 millones de personas, sólo con el objetivo de plegarse a las exigencias de los enemigos de España.

Una puñalada simplemente a cambio de seguir manteniendo en el poder a Sánchez y toda su corte de ignorantes. Al precio que sea. ¿Cuándo vamos a reaccionar?

TAS-RAÍCES

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