«ESPAÑA CONTRA ESPAÑA»


En su libro «España contra España», el escritor Pío Moa manifiesta con gran tino, tres causas que explican a su juicio la hegemonía hispana impulsada por los Reyes Católicos hacia finales del siglo XV: la reforma religiosa, que dio mayor vitalidad a la iglesia, la promoción de personas de valía, de las que tan brillantemente supieron rodearse dichos monarcas y por último, la atención que le dedicaron a la enseñanza, destacando el gran prestigio alcanzado por universidades como la de Salamanca o la de Alcalá de Henares.

No tenemos mas que establecer un simple paralelismo entre dichos aspectos y su correspondiente situación en nuestros días, para hacernos una idea más clara de la situación por la que estamos pasando.Comparemos en primer lugar el discurrir actual de la iglesia con la de aquellos años. A diferencia de aquella, la actual jerarquía oficial católica tiene hoy verdadero pánico a que cualquier cuestión pueda ponerlos a los caballos de la inquina anticatólica del gobierno. Jamás dirá nada que pueda poner en peligro cierta comodidad, como estamos viendo a partir de la aplicación de la llamada memorIa histórica.

Más aún, parece haberse lanzado en los últimos años a abrazar con fervor una ideología globalista que para la fé es tan nociva como el relativismo más absoluto, a pesar de lo mucho que insistió Benedicto XVI de lo nocivo y dañino que resulta dicho relativismo que atenta contra la más evidente de las verdades.Respecto al segundo punto, la diferencia es obvia: nunca en nuestra historia ha existido tanta gente mediocre ni en el gobierno ni en decenas de cargos públicos. Cada vez que alguien del gobierno abre el agujero que tiene bajo la nariz, sube no solo el pan, sino la luz, el agua, el butano, el precio de la gasolina y hasta el de los chuches, sin remisión.

Frente a lo que se nos vendía en principio como democracia, que de inmediato derivó en partidocracia, ha terminado por cuajar una absoluta memocracia en la que no cabe un tonto más. En ese sentido no podemos negarle a Sánchez el haber logrado la igualdad absoluta, ya que tan incompetentes son sus ministros como sus ministras, sin distinción.Por último, respecto al tercer punto, poco podemos añadir a la caótica gestión de la enseñanza desde hace décadas. Una enseñanza cada vez más vilipendiada y desprovista de contenidos, carente de la más mínima disciplina, que detesta todo lo relacionado con el esfuerzo o la excelencia y presa de toda una cohorte de pedagogos proclives a la simple e ingenua felicidad en la ignorancia y de tribus de diletantistas y chamanes pseudoeducativos que han terminado por criminalizar todo lo que no sea ofrecer una labor de mero entretenimiento.

Por ello, siempre hemos apostado por encuadrar la lucha contra el globalismo en unas trincheras muy concretas: los medios de comunicación, cada vez más sectarios y más proclives a desinformar, la lucha cultural, a la que no podemos renunciar so pena de caer en el más absoluto de los olvidos, el mundo educativo y la presencia en la calle.Resulta impepinable ser consciente de que la desventaja en la calle es brutal, desde el momento en que decenas de liberados y gente sin oficio ni beneficio nutre las protestas de la izquierda. Pero también faltaríamos a la verdad si no hiciésemos mención alguna a la total y absoluta falta de COMPROMISO que existe entre los miles de personas que críticos frente a las embestidas del gobierno, no abandonarán la comodidad de salón ofrecida por las redes sociales, salvo honrosas excepciones.Está claro que aquí, es muy típico no verle las orejas al lobo hasta que no es demasiado tarde.

Un ejemplo muy simple: esta semana era noticia la detención y posterior entrada en prisión de un señor de Ciudad Real que con 77 años, descerrajó un disparó contra un intruso que entraba en su vivienda para robar, haciendo uso de la legítima defensa. Lo primero que trasciende de todo este suceso es la idea de que si eres el dueño de una propiedad y ésta se ve atacada, al parecer, de acuerdo con la ideología dominante, lo que tienes que hacer no es proteger tu vida y propiedad, sino establecer una tertulia con el asaltante, donde el picoteo y la bebida corra de tu cuenta, tratando de averiguar cuál es la problemática social por la que atraviesa esa pobre «víctima» empujada a importunarte la siesta y por supuesto, ponerle remedio en nombre de la solidaridad, culminando dicha sesión con la lectura de bellos pasajes de cualquiera de los libros con los que Paulo Coelho nos ha bombardeado estos años. Habrá quien nos recuerde en nombre del derecho la llamada proporcionalidad con la que hacer frente un ataque.

Es un aspecto para nada baladí pero no por ello asumible. Primero, porque la víctima verdadera desconoce cuál es el grado de violencia del que el asaltante pueda echar mano según se dé la tarde y segundo, porque habría que poner en tela de juicio esa misma proporcionalidad que a la postre supone brindarle al delincuente la posibilidad de volver a reincidir en vez de recibir un castigo ejemplarizante que le disuada de repetir.En fin, podríamos seguir así durante días. El atacante en definitiva, no volverá a tener la ocurrencia de delinquir salvo que sea capaz de venir del otro mundo y el ahora detenido preferirá la visita en la cárcel a las flores sobre una lápida. En cualquier caso, solicitamos la total libertad sin cargos para él. Si las condenas deben ir orientadas a la reinserción, de nada tiene que reinsertarse este buen hombre que simplemente quiso lo que el común de los mortales: vivir su vida en paz.

EDITORIAL TAS RAÍCES

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