EDITORIAL TAS RAÍCES


Cuando participábamos la pasada semana en el debate sobre asociacionismo durante la Jornada para Emboscados, celebrada en Zaragoza, se hablaba de la necesidad de establecer una funcionalidad clara y concisa a la hora de crear una asociación. Todos parecíamos coincidir que el asociacionismo no debe quedarse simplemente en la mera creación de asociaciones sin más, sino tener muy claro desde el principio, por qué y para qué se crea dicha asociación.

Como tantas veces hemos expresado, nuestra asociación nació con el principal objetivo de servir como un nexo de unión de diversas personas que perteneciendo a ideologías e incluso partidos diferentes, tuviésemos unos valores comunes de carácter patriótico, centrado más en el ámbito de Aragón. Van pasando los años, pero nuestro objetivo, por supuesto, permanece inalterable.

Conscientes de la amenaza que supone para España tanto el separatismo como el globalismo, entendimos desde el principio que todos los demás aspectos en los que puede mediar debate son secundarios, por importantes que puedan ser o parecer. Es prioritario defender nuestra identidad frente a la dictadura globalista y es prioritario así mismo defender la unidad frente al separatismo a largo, a medio pero también a corto plazo. Tal y como explicábamos en la Jornada, el ámbito de nuestra acción debe tender a ubicarse en cuatro frentes: los medios, la enseñanza, la calle y la cultura. Sobra decir el grado de control que la pinza separatista- globalista que atenaza España, tiene en esos cuatro aspectos, a los que controla hasta la extenuación.

En esa misma jornada José Manuel Bou, autor de “El sueño de España”, afirmaba con toda la razón, que España es la única nación del mundo en la que te pueden agredir o incluso asesinar simplemente por lucir la bandera de tu país. Triste, pero muy significativo.Somos plenamente conscientes de que para defender algo hay que amarlo. E ineludiblemente para amarlo debemos conocerlo primero. Para defender una identidad y una idea de patria, es necesario amar esa idea y sentirte orgulloso de lo que es y lo que representa. Exactamente lo contrario que lleva haciendo un sistema político que ha tratado siempre de convertir el sentimiento patriótico en algo esencialmente malo y de lo que avergonzarse.

El europeísta Jean Thiriart cuando defendía un proyecto de unidad europea allá por los años 60, decía que nunca podría ser considerada nación la tecnocracia del entonces Mercado Común porque nadie estaría dispuesto a morir por dicho ente. No estaba para nada equivocado y los hechos han venido a darle la razón ¿O acaso alguien estaría dispuesto a entregar su vida por la actual Unión Europea?Lo absolutamente incalificable es el grado de odio hacia todo lo que representa España en una parte para nada minoritaria del espectro político español. Para colmo de desgracias, son esos profesionales del odio los que gobiernan apoyados por grupos o partidos que todavía nos tienen mayor inquina.

Por el contrario, a nosotros las modas y complejos progres nos la traen al pairo. Nosotros estamos absolutamente orgullosos de nuestra nación, que no es otra salvo la española. Estamos absolutamente orgullosos de las peculiaridades y riqueza cultural y lingüística de todos y cada uno de nuestros territorios. Estamos orgullosos de nuestra cultura que tiene en el llamado siglo de Oro su máximo esplendor, algo que cada vez pasa más desapercibido cuando no vilipendiado, en los planes de estudio de tanta y tanta reforma educativa ineficaz y vacía de contenidos. Estamos orgullosos de nuestra historia y de todos aquellos héroes y heroínas que dieron su vida defendiendo España, aunque el concepto mismo de heroicidad chirrie al mundo progre.

Errores a lo largo de la historia, se habrán podido cometer muchos. ¡Qué duda cabe!Pero ello no debe empañar la grandiosidad del Imperio español, de la lucha en favor de la cristiandad frente al protestantismo y frente a los turcos, de la evangelización de un continente entero, de la unificación de los diferentes reinos hispanos en una sola corona y tantos y tantos momentos de los que podemos y debemos sentirnos orgullosos.

No queremos finalizar el editorial de esta semana sin hacer mención a la cada vez mayor proliferación de asaltos, agresiones, violaciones en grupo y asesinatos protagonizados en su mayoría por aquellos a los que el sistema nos vende como paga-pensiones. No podemos armar España y desatender los problemas que afectan al común de nuestros compatriotas.

Escandaloso el espacio ínfimo que la inmensa mayoría de medios otorgan a estas noticias, si es que las tratan, que hacen que ciudades como Barcelona, Bilbao, Madrid, Zaragoza y tantas otras se estén convirtiendo a marchas forzadas en ciudades de una inseguridad tercermundista todo por culpa de unos gobiernos que otorgan la nacionalidad española con una facilidad que deja en agua de borrajas el mismísimo Edicto de Latinidad de Vespasiano y que ponen cada día en peligro a nuestras familias, principalmente a nuestros jóvenes y adolescentes, que tienen todo el derecho del mundo a disfrutar y a salir a la calle sin peligro para su integridad.

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